La historia de la Casa Batllò

La historia de la Casa Batllò

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Aunque Barcelona puede ser entendida desde muchos puntos de vista, uno de los más destacados es su relación con Antoni Gaudí, el máximo representante del modernismo catalán y uno de los símbolos de España.

Para Gaudí, Barcelona fue algo más que su principal base de operaciones, fue su ciudad de residencia, su inspiración, y el lugar de su principal legado… Un legado en el que destacan proyectos majestuosos como la Casa Batllò, una verdadera maravilla arquitectónica.

A medio camino entre un escenario de película de Tim Burton y una estampa de cuento, la Casa Batllò es una de las obras arquitectónicas más destacadas de Gaudí así que si vas a pasar unos días de relax y desconexión en un hotel en Barcelona de Petit Palace no puedes pasar por alto su visita.

Situada en el número 43 del Paseo de Gracia, el proyecto de la Casa Batllò partía de una remodelación integral del edificio que ocupaba ese mismo solar y que fue construido por Emilio Sala.

Con un ingenio (que para muchos era “excepcional y diferente a todo lo visto con anterioridad”), Gaudí creó trabajó sobre sus características formas curvas añadiendo cristales de colores, toques barrocos y rincones encantadores que nos hacen estar más cerca de lo onírico que de la propia realidad. Una obra perfecta de un genio indiscutible de la arquitectura.

En ella Gaudí tuvo que dar respuesta a muchas dudas personales y artísticas: desde saber cómo coronar el edificio (que pasó de una cúpula inicial a una bóveda con forma de dragón) hasta dónde ubicar las cruces de cuatro brazos o hacer frente a un proceso administrativo tedioso con incluso acusaciones de “posible obra ilegal”.

Solicitadas las licencias correspondientes por parte del propio señor Batllò, las obras finalizaron allá por 1912 dando como resultado un impresionante edificio de 4.300 m², 32 metros de altura y 14,5 metros de ancho.

Aunque el interior es impresionante, el primer impacto lo produce su increíble fachada elaborada con piedra arenisca de Montjuïc y con trozos de cristal de varios colores. Si a todo ello sumamos las vidrieras de colores y las barandillas de hierro y cerámica con forma de antifaz, podremos entender por qué es uno de los edificios más visitados de Barcelona.

De acceso gratuito para los residentes y con un precio por entrada de 21,5€ por adulto, su visita es toda una experiencia.

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