De paseo por el Puente de Portugalete

De paseo por el Puente de Portugalete

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Más allá de su naturaleza, de su gastronomía y de un carácter que nos enamora a todos, Bilbao es un lugar repleto de construcciones con una estética encantadora, original y realmente llamativa para el visitante. A las formas de sus edificios públicos y de muchos de sus museos (a destacar la fachada exterior del popular Museo Guggenheim) hay que sumar el diseño tradicional de sus viviendas (con sus fachadas de colores y sus tejas) y de sus puentes, cómo no.

El hecho de que la ciudad esté dividida en dos por la presencia de la ría, hace que la capital vasca haya prestado especial atención a sus puentes y a su diseño; y es que éstos son el único nexo de unión entre ambas mitades. ¿Algunos de los más destacados y originales? El Puente de La Salve o el Puente de Portugalete, nuestro protagonista de hoy.

Declarado Patrimonio Mundial, el puente colgante de Portugalete (también llamado Puente de Vizcaya) es una visita obligada para todo aquel que quiere saborear la esencia histórica de Bilbao. Un punto de interés con una ubicación perfecta para los elijan el Hotel Petit Palace Tamarises (a unos 10 minutos en coche) y algo más alejado de los opten por el Petit Palace Arana Bilbao.

El Puente de Portugalete o Puente de Vizcaya data de finales del siglo XIX y se construyó con un objetivo claro: unir las dos orillas de la ciudad sin entorpecer el tráfico marítimo. Con un total de cuatro torres de hierro, el puente suma más de sesenta metros de altura (sí, impresionante) y un total de 160 metros de longitud. Cabe destacar que el conjunto de la estructura se elaboró a base de unas soldaduras que, años después, tuvieron que ser reforzadas.

A diferencia de los puentes tradicionales que se cruzan de forma directa (ya sea a pie o en coche) el Puente de Portugalete tiene la particularidad de que se cruza en una “barquilla”, una plataforma colgante y móvil diseñada para el transporte de vehículos y de pasajeros y que cubre la distancia entre un extremo y otro en un menos de minuto.

Por su historia, por su estética y por ser realmente original y muy diferente a todo lo conocido, su visita es altamente recomendable así que no dudes en sumarte a la experiencia ya sea con tu coche, con la bici que alquiles en nuestro hotel o a pie. De cualquiera de las tres formas podrás disfrutar de unas horas encantadoras con una vista incomparable de la capital vasca.

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